La Línea
Trazo delgado, sin aspiraciones más allá de su forma, con honestidad se muestra tal cual es, no como otros que con trémulo se expresan. No, la línea no pretende ser más, es tan sólo lo que es, trazo vulgar con un inicio y fin delimitados, está circunscrita a su propio nombre. Aunque puede tener color, un rasgo que le podrá dar singularidad, es verdad que también grosor, y sin embargo será una línea acotada, estrecha, empero continua, hasta donde más no dé. Es solamente lo que es, longitud y latitud en un plano, sin volumen, siempre en un plano y curiosamente podrá girar y caer y sonar y resonar según el material del plano contenedor, y si este contenedor es la imaginación entonces hasta podrá oler, sonar y retumbar la línea y quien lo sabe hasta girar, quizás en su plano contenedor o si es más atrevida nuestra imaginación quizás podrá experimentar un tímido volumen, y aún así seguir siendo su nombre, sin poder escapar nunca de él.
No sabemos si esta proposición de corrupción del pensamiento radica en sí misma o lo es en la permisividad del lenguaje, lo que sí sé es que yo me lo imaginé, una línea sin plano, con olor magro, como todo aquello que está condenado a su nombre.

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