domingo, 15 de diciembre de 2013

La felicidad en tiempos de reformas

Es evidente que la felicidad en tiempos de crisis y de reformas exigen tener un desarrollo de la emocionalidad, como lo expone Eduardo Punset, empero también un papel activo ante el Estado. Y me refiero a que el Estado y sus actores no siempre conciben bienestar para los ciudadanos, no podemos presumir y nadie puede hacerlo, de conocer el porvenir con antelación, de tal suerte que también es cierto que al volvernos los ciudadanos activos sobre nuestro porvenir deberemos de delimitar las acciones que nuestros gobernantes comprometan con no muy buena pinta. Por la pura intuición, sí. Deberá de ser válida la postura, pues es evidente también que la pérdida del poder adquisitivo ha sido una constante, y que en independencia de los actores diversos, generalmente determinados por algunos cuantos de los ciudadanos, aún siendo la mayoría, es un hecho innegable la situación actual en la que vivimos, que es el resignarnos los ciudadanos a lo que determinen dichos gobernantes, sin poder siquiera reconducir sus posturas pues antes de que lo hubieran siquiera planteado nosotros les dimos el cargo. Ok, de cualquier manera nada impide que no nos equivoquemos, no es lo que elegimos para nuestros hijos, ni nuestro porvenir. Y esta decisión la podemos tomar en cualquier momento. Imaginemos que en un momento dado, nuestros gobernantes deciden , por así convenir a nuestro porvenir, según ellos, amparados en estadística y en procesos macro-económicos, que de nueva cuenta la esclavitud es una opción pues entre otras condiciones habría menos hambre ya que cada Amo se encargaría responsablemente de darles de comer a sus esclavos, de lo contrario su fuerza laboral estaría comprometida, entonces que, deberemos simplemente resignarnos y aceptar su determinación, pues es un hecho y nos lo ha demostrado la historia, que cualquier decisión podrá ponerse en práctica o revertirse si así se crean las condiciones legales. Y quienes crean las leyes, y las acuerdan y las autorizan. No podrán ser otros que el aparato del estado, de tal suerte que entonces si lo que se busca es simplemente que nosotros lo ciudadanos participemos tal cual borregos, sin poder intervenir dado que ya los elegimos, aún cuando hubieran actos que consideráramos inadmisibles, debido al daño patrimonial, entonces estaríamos en un escenario en el que tendríamos que aceptar que estamos destinados a  un proceso dogmático más que normativo. Pues deberemos de ampararnos en entelequias y seres sobrenaturales para que no se les ocurra a nuestros gobernantes elegidos por unos y no todos, tomar nuestro porvenir y depositarlo a su vez ellos, en manos extranjeras con otros intereses, naturalmente de beneficiarse y después beneficiar a sus empresas o socios, luego a sus propios ciudadanos y finalmente no figuramos en su visión de mejoramiento los ciudadanos mexicanos, por la misma razón que nos atacan y nos persiguen en las fronteras y nos ponen muros, por la misma razón por la cual solamente pintamos para ellos en un mapa comercial y de consumo, por la misma razón de llevar juicios de mas de 20 años para poder exportar nuestro atún a su mercado.


Yo me pregunto si es excesivo pretender contar con una casa para el desarrollo de nuestros hijos, acercarles conocimiento y recursos económicos, no para volverse ricos, sino para vivir una vida digna, digna conforme a sus determinaciones legítimas. Me parece que cualquier padre podría aspirar a tener lo básico de manera genuina. Entonces por qué razón no podemos incidir en las políticas públicas, es posible como ciudadano equivocarse al seleccionar a nuestros gobernantes, pues ellos nos recriminan de no saber lo que nos conviene constantemente, ciertamente es probable que por estas y muchas otras razones una gran parte de los ciudadanos los hayan elegido, y más allá de la normativa o contrato social, debería de ser posible tener un mecanismo de reconvención.

Imaginemos que en mi empresa no pueda suspender las acciones negativas y contrarias que decidiera un ejecutivo, digamos concesionarla  en fragmentos, siendo yo dueño de la empresa, si no contara con un mecanismo para suspender sus labores y sus acciones, hasta después de 6 años, ya no digamos 70, es posible que no quedara empresa alguna después y no hubiera nada que hacer. Podríamos pensar que entonces ya al contratar a dicho empleado ya me amolé pues nunca tuve la previsión de cuán codicioso sería dicho empleado, sin embargo estoy convencido de que más allá de la normativa, si un empresario no contara con un mecanismo para suspender dichas acciones contrarias a su patrimonio, entonces sería ineludible la necesidad de constituir dichos mecanismos para que no afecte, dicho sujeto mi patrimonio.



De tal forma que será una responsabilidad de todos y cada uno de los dueños de la empresa hacer lo conducente y lo que exijan las condiciones para suspender dichas acciones del o los individuos que afectan de manera irreversible nuestro patrimonio. Luego entonces las cuestiones que quedan por hacerse son solamente ¿CUANDO? ¿CÓMO? ¿CUANTOS? Y ¿DÓNDE? pues claro está el para qué o el por qué, en tanto a quienes obviamente tendríamos que ser los ciudadanos, pues nuestros gobernantes ya lo expusimos están convencidos de sus actos.

Es un ejercicio interesante observar que en realidad al seleccionar a unos individuos para que nosotros, los ciudadanos en tanto no sabemos de estos temas, no podamos intervenir en ningún proceso posterior a su investimento, tal es el caso de nuestros representantes pues suena un tanto Kafkiano. Entonces tendremos que morir resignados tal cual su cuento de Kafka “Ante la Ley”:

PELÍCULA COMPLETA “EL PROCESO”: https://www.youtube.com/watch?v=50n0S6_3Tc0

En conclusión la felicidad sometida a la resignación no es fácil, y no se constituye en un porvenir evocador de mejora o bienestar, sino al contrario. Si el individuo tiene o cree tener control sobre los procesos que acontecen entonces podrá aspirar a una vida de retribución emocional positiva o dicho de otra manera, de felicidad.


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