viernes, 27 de noviembre de 2015

Recuerdos desde la muerte

Encontré esto y me pareció fundamental mostrártelo: Recordar duele pero es lo que nos hace permanecer. Ninguna pérdida se trasciende, empero quizás un día seremos parte de aquello inexorable que nos ha de acontecer, y esperemos contar con alguien como tu, que nos extrañe y nos recuerde para vivir en el recuerdo.

Días de guerra sin tregua

No hemos tenido un día de tregua, un día para glorificar a la humanidad, un día sin guerra, un día sin abusos.

Desde que somos quienes somos, el hombre no hemos tenido días sin guerra.

El hombre cuenta con un paso de abusos en la guerras terrible y vergonzante pero también con un presente igual. No lo hemos podido detener nunca, nuestro demonio de la guerra.

Este terrible mal que nos aqueja a la humanidad y que se vuelve en contra de los vencidos para un día ser vencedores arrebatados de furia. Si, las furias como las Moiras. Nuestro destino hilado por Cloto, endeble y estrecho vínculo entre la vida y la muerte, y que es repartido en suerte por Láquesis, tan dubitativa como contradictoria, la guerra misma. Esto para que inexorablemente Átropos designe lo inevitable  y cortado sea el hilo para dejar de ser  y entregarnos al recuerdo reconformado de furia estéril. Que antes o después se volverá contra el que enaltece la espada en apariencia vencedor de su hermano caído y derrotado a quién da muerte para despojarle de lo suyo y que, antes en algún punto del recuerdo inmemorial quedó registrado lo contrario pues el que ahora caído está, también tiró a su hermano antes y le mató.

Guerreros merecen guerreros y no niños, ni ancianos, ni mujeres ensangrentadas despavoridas clamando por sus críos, muertos ya frente de ellas.

La guerra nunca será dignificada, pues no hay nada de qué enorgullecerse cuando comprendemos que somos hermanos todos.

Los humanos somos bárbaros que no podemos civilizarlos. A caso el recurso de la guerra será nuestro eterno retorno a la destrucción deplorable? A los actos innombrables que nos han marcado a gritos ensordecedores pero que no oímos cegados por el odio y las sin razones argumentadas en los excesos y mentiras para valer nuestros excesos.

Un día de tregua. Un día sin guerra. Un día en dónde no sólo oremos por los muertos, sino que ya no Matemos más. Un sólo día para honrar a la humanidad. A estos que nos llevan inexorablemente a dejar de ser lo que somos, pues en realidad somos los mismos primitivos con la razón del destruir y matar que antaño fuimos. Con la única ventaja que antes no podíamos ser tantos como ahora y no éramos tan sofisticados con nuestras máquinas y artilugios para matar masivamente a tantos.

Un sólo día, no hemos tenido de paz la humanidad. Y cuando ya no seamos lo que somos, entonces y sólo entonces ya no habrá guerra ni humanidad, ni dioses que oren por ningún humano denigrados a escombros y suspiros por lo que no fuimos nunca.

Un lamento por la guerra

Sólo sollozos y tragedia

Eso somos hoy. Nuestro pasado es nuestro presente: la guerra

Días de guerra sin tregua

No hemos tenido un día de tregua, un día para glorificar a la humanidad, un día sin guerra, un día sin abusos.

Desde que somos quienes somos, el hombre no hemos tenido días sin guerra.

El hombre cuenta con un paso de abusos en la guerras terrible y vergonzante pero también con un presente igual. No lo hemos podido detener nunca, nuestro demonio de la guerra.

Este terrible mal que nos aqueja a la humanidad y que se vuelve en contra de los vencidos para un día ser vencedores arrebatados de furia. Si, las furias como las Moiras. Nuestro destino hilado por Cloto, endeble y estrecho vínculo entre la vida y la muerte, y que es repartido en suerte por Láquesis, tan dubitativa como contradictoria, la guerra misma. Esto para que inexorablemente Átropos designe lo inevitable  y cortado sea el hilo para dejar de ser  y entregarnos al recuerdo reconformado de furia estéril. Que antes o después se volverá contra el que enaltece la espada en apariencia vencedor de su hermano caído y derrotado a quién da muerte para despojarle de lo suyo y que, antes en algún punto del recuerdo inmemorial quedó registrado lo contrario pues el que ahora caído está, también tiró a su hermano antes y le mató.

Guerreros merecen guerreros y no niños, ni ancianos, ni mujeres ensangrentadas despavoridas clamando por sus críos, muertos ya frente de ellas.

La guerra nunca será dignificada, pues no hay nada de qué enorgullecerse cuando comprendemos que somos hermanos todos.

Los humanos somos bárbaros que no podemos civilizarlos. A caso el recurso de la guerra será nuestro eterno retorno a la destrucción deplorable? A los actos innombrables que nos han marcado a gritos ensordecedores pero que no oímos cegados por el odio y las sin razones argumentadas en los excesos y mentiras para valer nuestros excesos.

Un día de tregua. Un día sin guerra. Un día en dónde no sólo oremos por los muertos, sino que ya no Matemos más. Un sólo día para honrar a la humanidad. A estos que nos llevan inexorablemente a dejar de ser lo que somos, pues en realidad somos los mismos primitivos con la razón del destruir y matar que antaño fuimos. Con la única ventaja que antes no podíamos ser tantos como ahora y no éramos tan sofisticados con nuestras máquinas y artilugios para matar masivamente a tantos.

Un sólo día, no hemos tenido de paz la humanidad. Y cuando ya no seamos lo que somos, entonces y sólo entonces ya no habrá guerra ni humanidad, ni dioses que oren por ningún humano denigrados a escombros y suspiros por lo que no fuimos nunca.

Un lamento por la guerra

Sólo sollozos y tragedia

Eso somos hoy